MICRODANZA CONFINADA

Esta página recoge microdanza creada durante el estado de confinamiento, una manera de estar activa pero esencialmente de seguir difundiendo y dando visibilidad a la danza. Vivo esta crisis como una oportunidad para seguir creciendo y desarrollando nuevas estrategias. Me he propuesto, si la salud me lo permite, vivir al máximo esta experiencia, sentirla en lo más profundo, habitarla y así darme permiso a re-descubrirme….  

La pregunta que me hice fue, cómo puedo continuar creando, seguir sintiéndome viva en este estado de confinamiento... La danza necesita del contacto con el público, el momento de la función no se puede comparar con ningún otro formato, es indiscutible. Tras unos días de aturdimiento surgió de una manera natural. 

Por supuesto agradezco la disciplina que la danza me da para pensar y accionar pero sobre todo a mis padres por enseñarme que el dinero va y viene pero la cultura no te la pueden quitar, es un tesoro que ahora me ayuda. 

Todos los vídeos se han grabado con el móvil, realizados y editados por mi. Espero que os guste.

LEHIOTIK / DESDE LA VENTANA (formato de video-danza) 

Tríptico. Serie de tres videos. Un mismo lugar, distinto día, distinta hora, distinto estado. La ventana como metáfora de libertad, hueco por donde entra el aire, vano por donde ver la vida. 

En los tres videos la mujer aparece con una silla, los cambios de posturas , la quietud y la calma logran expresar el paso del tiempo, la soledad, la tristeza, el deseo de salir pero también la paz y la esperanza….. 

LEIHOTIK . Apirilak 9   (Desde la ventana. 9 de abril)

LEIHOTIK . Apirilak 10 (Desde la ventana. 10 de abril)

LEIHOTIK. Apirilak 13  (Desde la ventana. 13 de abril)

A este impulso creador se ha unido Nuria Ruiz de Viñaspre POETA y EDITORA que desde el primer vídeo acompaña con su voz. Para ella, mis vídeos han sido un descubrimiento, según sus palabras, para mi también sus poemas.GRACIAS Nuria por acompañarme en este viaje dentro de nuestras casas

 

LEHIOTIK. Apirilak 9

Poemas de Nuria Ruiz de Viñaspre. POETA Y EDITORA

Desde la palabra ventana le digo al músculo que haga cosas que le son propias. Desde la palabra ventana veo cómo desde la palabra cuerpo la palabra músculo toma vida. Desde la palabra ventana muevo la palabra luz de un lado a otro y con ella me desplazo con la palabra baile. Desde la palabra ventana oigo el parte meteorológico y llueve la palabra Stabatmater. Así hasta la palabra infinito. Maravilloso este regalo que nos deja Matxalen Bilbao. Aquí la palabra gracias!!!!!

 https://www.facebook.com/ruizdevinaspre 

El Oeste Peninsular

Aunque la lluvia maldiga la ventana hágase el poema. Anne Sexton

El mundo es una ciudad de muchas ventanas y yo soy una ventana alta que ha nacido de la minoría del mundo. El tiempo fermenta la leche de mi pecho y amamanto los tejados de la ciudad que miran la quietud de mi estado de alarma. Las montañas nutren al mundo con su paz perpetua y siento que hemos salido de la minoría de edad con los pies dentro del barreño.

Un cielo a las afueras tiñe mi molde de pecho, perfil, de pie y barro. Soy un cuerpo en una silla negligente. Una vasija moldeable en una mecedora paralítica sin rueda ni ruido. Las últimas cortinas suicidadas resbalan su historia por mis ojos. Los pies inertes. El brazo inerte. La vena bocabajo. El telediario nos cuenta la felicidad pública de otromundo mientras yo digo ventana con la voz dormida. Digo ventana, no lluvia, no nube desplazada, no mundo, no músculo no silla. Digo ventana y el mundo sucede, como suceden los dientes definitivos a los dientes de leche. Y aun así, soy dos brazos y dos pies donde sucede la nada y el tiempo.

Paso el día conmigo misma y me asusta empezarme. Pero una vez empezada veo valiosas moscas azules posarse en el casco de mi ventana. Porque mi ventana es un casco de astronauta. Escucho el pronóstico del tiempo. Una borrasca va penetrando por el oeste peninsular. Pero contra todo pronóstico, el oeste peninsular se ha metido dentro de la casa, y ese mismo oeste es norte y sur y este y todos se asoman conmigo para ver cómo transcurren las nubes y las moscas. 

Hablo conmigo misma que ya es otra. Desde la palabra ventana le digo al músculo que haga cosas que le fueron propias. Desde la palabra ventana veo cómo desde la palabra cuerpo la palabra músculo toma vida. Desde la palabra ventana muevo la palabra luz y voy de un lado a otro hacia la palabra baile. Desde la palabra ventana oigo el parte meteorológico y llueve la palabra stabatmater. Así hasta la palabra infinito. Mi cuerpo infinito es una calle adormilada. Ahora somos masturbadores solitarios. Solidarios. Una corriente interior que no cesa. Sí, somos una impermanencia de astronautas. Pequeños ángeles Cassiel que observan la vida doblada a las afueras. Veo pasar el mundo a través de los cristales, un mundo ficticio que se cae a pedazos ante mi cuerpo difuminado. Pero las escenas crecen ahí afuera. Crece la vida absoluta. La vida invisible. Hay ráfagas de luz, preguntas. Hemos habitado la tierra desde sus comienzos, y en esos comienzos brota la insignificancia del ser humano. Soy la atención de una ventana que baila con la nada. Me caigo. Me levanto. Soy porque la ventana me existe. Cristal en equilibrio. Un cuerpo mirado por la ventana, una forma aislada con el cielo avanzando a la derecha y una grúa de construcción de nubes tronando al otro lado. Las religiones se balancean en sus tronos. Las ideas fijas con las que te levantaste se balancean. Todo sigue su curso. En la escuadra del cielo está el reloj que marca la deshora de la luz mientras giro como una caja de música con bailarina dentro de un vendaval. Hace un abril detenido y tras 29 días de confinamiento una mañana cualquiera nos lloverá octubre por dentro. Abajo se ordena la calle y nuestras ideas se sueltan al aire resuelto. Nada parece estar en su sitio y a la vez todo está en su sitio. La gravedad y la gracia. La firmeza de un mundo que es común a todos. La firmeza de un pie que avanza por el espacio espacial de las baldosas de casa. Los nuevos astronautas del Mundo hemos renunciado al control. Hemos despertado a la verdadera naturaleza de la vida. Al. Origen. De. La. Supervivencia.

LEHIOTIK. Apirilak 10

El juego de la muerte

Señor, la jaula se ha vuelto pájaro 

y se ha volado 

y mi corazón está loco porque aúlla a la muerte.

¿qué haré con el miedo?

Alejandra Pizarnik 

Hay algo místico en mi ventana. Es la misma ventana de ayer. La misma sala. El mismo olor. El idéntico yo dolorido. Y sin embargo la luz es otra. Una luz incisiva que explota las venas. Venas que son bajorrelieves bajo mis escultóricos pies de jaula. Sí, hay algo místico en mi ventana. Es un cordero de Dios que quita el pecado del mundo y me concede la cruz y la luz buscada. Mientras, yo lo miro de dentro afuera. De dentro afuera. De dentro afuera. Afuera hay luz. Este es mi cuerpo confinado en el confín del mundo. Escucho la música y juego a hacerme la muerta bajo el tejado de mi silla, porque he aprendido a interpretar el momento de la muerte. La muerte del pájaro. Me tumbo en el suelo inmóvil y permanezco horizontal como un labio muerto para oír el susurro de los muros y los muertos. Así libero el alma y el pájaro, comiéndome el grito bajo la mirada de una torre de Babel. Soy un cordero de Dios que mira el pecado y el mundo. Un cordero que juega a hacerse el muerto porque está acostumbrado a interpretar el momento de su muerte. Solo así me curo de la peste del barro mientras barro la ventana con mis confinadas manos. Me bordo conjuros con lluvia que me sumen y me bajan. Pequeño dios atado vestido de pecado y mundo, tus pies chispean lágrima y clavo. Ha pasado un día desde ayer y ya ha llegado octubre. ¿Dónde está la cárcel dibujada? ¿Dentro o fuera? ¿Dónde la liturgia recién pintada? ¿Dónde la jaula? ¿Dónde la rama a la que me rindo? ¿Es cárcel que mira o valle que es mirado? Llueve cristal tras el cristal abigarrado que soy. Sé que el tiempo transcurre gracias a esta ventana que todo lo transforma. Mirilla a la que me asomo y desde la que cada mañana me suicido y me transmuto en una preciosa larva que baila lo nunca dicho. Me queda cambiar las sábanas a las paredes de la celda. Duermo en ellas de pie para aprender a caminar. Sin cama ni horizonte esas cortinas se han llenado de animalillos estampados de bosque. He olvidado hablar. He olvidado caminar. Un, dos, tres pasos –me susurra una niña autómata. Cuento mis huesos y araño el suelo y el surco con el paso del tiempo. Lo araño una y otra vez a través del paso no dado, pero siempre paso por dar. Estoy aprendiendo a andar. He aprendido a decir uña silla pájaro luz cruz. He aprendido a decir ventana. El peso de la silla de ayer, esa misma silla de ruedas sin ruedas que nadie empuja y que tanto sabe. Veo pasar por ella a todos mis antepasados queridos. A sus predecesores desconocidos. Pero ¿qué haré con el miedo? ¿lo sentaré en esta silla? Toda la ciudad está sentada en esta silla. La sociedad constelando en una silla. Vacía. Porque solo desde el vacío se aprende a ver y a dar los primeros pasos en el nuevo escenario del Mundo.

LEHIOTIK. Apirilak 13

El vector gradiente

Amar es disparar al pájaro y que caiga muerto el revólver. Rubén Tejerina

Ha pasado un año desde ayer. Y otro más desde antes de ayer. Soy una versión más humana que hace un lustro. Y sin embargo mi cuerpo en sombra es un pelícano. Las trenzas colosales del tiempo han precipitado mi cabello y no consigo verme. Pero soy un pájaro sin padre. Porque ¿cuántos padres habrán muerto un 13 de abril? El arcoíris del techo de mi habitación me ha desplazado de un lado a otro. Me ha movido en ese vector gradiente, dibujando un puente plomizo por el que saltar a otro cielo transparente y a otro más. Las glándulas de la casa han envejecido de golpe y yo con ellas. La luz ha envejecido. Soy otro vector gradiente. Las paredes se han agrietado y mis canosos pies son cimiento sobre el que se asienta mi cueva que es desnido del dispájaro. Empujan hacia arriba y quieren volar todos los techos de todas las casas. Pero mi cuerpo de pájaro pesimista se atardece en el intento. Resbalando sin motivo. Sin latido, pero con aliento. A una velocidad de crucero. A la velocidad de la nieve, la nube y el pelaje. A la velocidad de un telediario que habla de crisis sanitarias y de números que no entiende la matemática del pájaro. El techo sigue ahí, con kilos de nieve encima, imposibilitando el vuelo. Racionando el silencio de la flecha del tiempo, el vuelo y la sed. Vigilando mis no pasos. Mis amputadas alas. Mi no actividad. Esta atmósfera guillotinada que se ha vuelto infinita. Soy atea del movimiento y a la vez antorcha. Nos hemos acostumbrado a una simulada luz. Simulamos ser en ella. Y aun así, mientras vuelo la palabra pájaro, beso tus labios de besar sin simularlo. De besar lo quieto del aire atardecido. La sangre de la tarde. Solo así me reconcilio. En el tacto del no vuelo. Agazapada bajo la mesa sé que cuando volvamos al globo, sobrevolaré las torres altas de la ciudad y arañarán mi buche. No habrá más humos que el de los quemados cuerpos. Estoy. Estoy desnuda sobre el pico de un iceberg. Le suplico que lleve mi nudo a su lado más sumergido. Planeo desnuda para un aforo desnudo. Todos estamos desnudos. Volveremos a la nueva era despojados de plumas que abriguen y con la intención de vestir al pájaro con la misma tela, sin gala pero con gana. Con la hebra del amor, el mimbre y el nido. Sin el estrago que causa el nivel, la estirpe, lo diferente. Seremos idénticas crías nacidas de águila y gorila y vendremos al mundo con el cabello desbocado y las uñas crecidas como la crecida de un río. El aire del nuevo mundo oxigena mis tobillos alojados en la pata de esta silla. Mientras, riego con lágrima de ayer las plantas que no tengo, las que viven más cercanas a la silla pero que no tengo. El grillete no se alarga y adormece el movimiento. No alcanzo al resto. Se doblarán en este invierno roto sin aire ni afueras. Ahora solo quiero volar con mi cuerpo no cerrado en una casa no cerrada bajo un techo no cerrado con mis alas no cerradas en un cielo no cerrado junto a una música inmortal. 

¿Y ahora qué?

Tanta urgencia 

por comerme el último vuelo.

¿Y ahora qué?

¿qué hago ahora

antes de volver al mundo?

 

SERIE MICRODANZA CONFINADA (formato video)

EN-MARCADA. Serie microdanza confinada.

Poema de Nuria Ruiz de Viñaspre
Me muevo me muevo me muevo dentro de la pecera que es mi casa, entre quicios que desquician me entretengo. Me muevo en la matemática que hay dentro de 49 músculos en 49 días. Tengo la música desfragmentada que me separa del yo primero mientras lucho por hacer salir mi otro yo más claustrofóbico de esos márgenes. Rompo entonces mis palabras y digo que mi cuerpo es un cartabón. Suena el agua. El agua siempre lleva el ruido de un gota a gota que inunda este cuerpo sin agua y sin gota, de pies a cabeza se hunde en esa escuadra de la puerta, una puerta que me llevará a un océano sin nombre. Un océano por descubrir. Los brazos inertes, el torso erguido, el cabello enmaraña mis venas mientras sueño cómo nadar por el interruptor y ser ya luz a las afueras. La danza me salva de ahorcarme el músculo. Ensayo el modo de subirme a una bicicleta que amputó la vida en su camino. Las paredes están sudando y me trepan el inacabado vuelo. Soy un espacio echado en el tiempo. Un espacio que busca estirar la vena para tumbarla al sol. Pero el pez volador no tiene músculos. ¿Ser pared y parecerlo? Soy un espacio echado en el tiempo. Un espacio que busca estirar la vena para tumbarla al sol.

TXORIEN TXANDA/EL TURNO DE LOS PÁJAROS. Serie microdanza confinada

Poema de Nuria Ruiz de Viñaspre
La radiografía del pájaro... Luz cenital.
Soy el pájaro azul que cabeza abajo aparece y desaparece en los días tenues. Nací con los puños cerrados en el cénit del invierno y renazco en el hemisferio celeste de la primavera con el cuello ya añilado. La tundra cubre mi cuerpo de gorrión en diminuto, pequeño cuerpo que una niña ahogaría sin saberlo si lo abraza. Nacer nacer nacer volver a nacer en la rima. Caer en la tarima del pájaro. Pájaro descarrilado que aprende a nadar en el carril 53 de una baldosa de agua que está dentro de una placenta que está dentro de la madera y barro que somos. El suelo es este nuevo nido cenital. Nido al que resbalo de abajo a arriba y ladeada como la montaña que fui en otro tiempo. El ojo de Dios sigue arriba vigilando, pero el mundo está girado. He aprendido a bailar desde el punto más alto de toda elevación sobre el horizonte, he aprendido a hablar desde el techo del mundo que es la cuna del ahorcado. Soy la cría de pájaro que paralítica de manos se agarra al precipicio del dedo inexistente de la humanidad, mi religión. El azul huele a recién hecho en este círculo celeste. Me dejo, me dejo, me dejo caer al cielo y nada es viento. Me construyen las miradas desde arriba siendo el reloj del nuevo mundo. Mi pico es la aguja que se clava en tus muros. Nací a las 9 y cuarto en el big bang de un cuerpo fraccionado que baila de costado a las 10 en punto tan a solas ni alimento. Rodeada de bordes el cazador radiografió mi espiritual cuerpo en la hora alta y grabó en el muro: Soy un pájaro caído del cielo que patina por los siglos. Mientras, le doy trozos de huesos de palomas grises, estúpidos cuerpos sin vida quemados por el viento. Yo solo quería dormir, como duerme el pájaro azul degollado por el cosmos y estrangulado por el tiempo. Me escondo. Juego al escondite con el pájaro para que el cazador no mate al viento. Habría que salvar al viento antes de que suiciden los días. Ha llegado la hora de los pájaros.

BESOEN ZUBIAK. Serie microdanza Confinada

Poema de Nuria Ruiz de Viñaspre
Interpuentes
Y en el quincuagésimo sexto día pasaste de ser botánica a robótica. Luces apagadas. Desde la estabilidad del tronco enfocabas la vida por un catalejo sin luz ni fondo. Desescalada, la memoria desmenuza el movimiento. La danza y la mecánica al vaivén de la propia destrucción. Cajita de música desde la que saltar como un resorte. Cajita con bailarina cíclope desconectada del respirador de la vida, desaprendiendo a caminar. A coger con los brazos la flor que ayer alcanzaba sin piernas. Entraste en un local de apuestas. En una carrera de galgos minusválidos. Y confinada en una mesa de un metro de ancho por un metro de alto jugabas al olvido y la memoria. En la carrera de la vida vuelves a la línea de salida una y otra vez. Tu cuerpo es tu fábrica. Antesala donde te construyes de nuevo. Reseteado cuerpo desmemoriado que debe proteger su existencia y que ahora es puente por elevar con la mecánica de unos brazos fuera ya del cuerpo. Raíles, brazos grúa, guarida y guardia de una humanidad que transcurre en fases. Qué será encajonarse con humildad de caballo entre los raíles de tus brazos. Loca. Ojos que miran por la mirilla frente a una mesa de ping pong sin comensales. Locos. Mimetizada en tu propia piel ensayas posturas para decirle al cuerpo cómo moverse en la convulsión de esta nueva normalidad que te descentra. Loco torso que se comió un rayo. Loco vestido de punto hilvanado. De punto separado de su coma. Gemelos que sobrevivieron al norte en la carrera. Al norte del norte de tu pecho. La cabeza borradora muerta por inercia, es el brazo-grúa que levanta la carga pesada de la rueca y su engranaje. Otra franja horaria de cintura en adelante. Al sur, el ejército de tus brazos acróbatas esbozan letras para construir la p de puente y de polea. A izquierda y derecha te desconcierta la c de centro. Ojos levadizos que miran por la ventanilla del musculado tren mientras otro tren parado se apea de la vía con dialéctica sin tregua. Con más corazón. Acabáis de conoceros, corazón y músculo urbanizados. Uno juega a estacionar las piezas de ajedrez que caen del cosmos mientras tu cabeza se deja llevar por esos brazos polea, como se dejó llevar el figurado caballo malhablado de ajedrez que saltó de la cajita con sus músicas.
Movimientos ondulantes. Bajo tu pelo enmarañado te mueves como una oruga procesioraria y amasas el agua de la existencia dando cobijo al beso desde el automatizado brazo. La mota de polvo en el aire de tu codo. Codos locos. Puentes. Tus brazos-soldado llamados a filas salidos de la fila, expatriados de tu cuerpo. Manos robóticas que abarcan el descontrolado nacerte y deshacerte. Manos que no vuelan en el aire sino en la luz de la conciencia. Ellas siembran los besos y los peces en las vigas de los puentes.
Eres la computación de tu cuerpo computando el tronco ido. El brazo manivela que guía a la cabeza nunca pensativa. Cabeza que se deja que se deja y que se aleja y que quiere ser techo y suelo del naciente. Un relámpago despereza así tu aullido. Pequeña bestia amniótica que funcionas en remoto y que nos sabrás abrazar desde el prohibido adiós de la distancia. La materia inteligente de los puentes. La danza es el ingenio del contrapeso.

AMETSETAN. Serie microdanza confinada

Poema de Nuria de Viñaspre
EL ARCO TENSO
Blanco sobre negro. Un ciervo se calzó la dureza de tus pies sin tú saberlo y atravesó descalzas montañas, valles, lagos, mesetas y dunas. Así hasta llegar al mar. El viento lo toquó entero en estos tiempos donde tocar es algo revolucionario. Se dejó. Ya en un mar de cal y calma recordó de nuevo tus pies desnudos y volvió a subirse a ellos para quitarse en sal el barro negro del pecado y de sus puentes. Negro como el negro que se llevó tu cuerpo a la otra orilla de la casa. Orilla que no se rompe como tampoco se rompía ese negro. Algo se asomó a tu balconada. Esta vez era una cierva espectadora que se coló en tu estancia estando la puerta de ese bosque abierta. La cierva que miraba dio con tu mirada fija. Bestia contra la pared. La embestías como el minero empuja su vagón transportador de piedra y oro. Como Sísifo la roca. Así ibas limando tu canto de caderas. Bailabas con esos mismos pies de hueso que acababa de calzarse tu venado. Mientras, soñabas en el muro los nombres ancestrales de un pasado de 59 lustros. Tu pasado grabado en el altomuro. El altomuro de tu pie izquierdo yendo al alto pecho mientras la ciudad al fondo de tu ciervo se quemaba. La pared dialoga contigo. 59 días emparedada en su cal y bajo el sol más sólido. Días en la estepa. Única conocedora de todos tus secretos. Pared a la que te confinaste y a la que ahora te arrimas como el pájaro se arrima con sus bailes al cortejo o las resbaladizas ballenas cuando se aparean. Pared que sostenía tu caída y observaba la altura de tu cadera dislocada de belleza y giro. Enamorada de su blanco y su pureza el espejo del ciervo en la pared te devolvía el blanco roto de tu negro soleado. Geometría infiel en la que las aristas iban sumando grados. Vértice desde donde sentías el tintineo del tensionado mundo. Te acercabas, alejabas, la bailabas, la apartabas. La abrías. Te cerraba. Allí todo. Entre la pared y tú, eras la hélice de movimiento centrípeto que le daba luz y aire al mundo del afuera. Eras, al fin, el aire que tocó al ciervo que miraba aquellos tiempos donde tocar era algo revolucionario. Todo en ti fue entonces arco y fue tenso. Como la flecha en el buche de tu ciervo. El puente que formaban tus brazos al pararla. Nivel idéntico bajo tus pies heroicos. El arqueado cuerpo dirigido por las astas. Todo ahí, entre el arco y el vértice. Escondido. Delicadamente escondido. Desafiante negro sobre fondo blanco. Un largo cuervo suspendido y negro en los lomos de tu blanco ciervo. Tengo que lijar todo esto con el estómago vacío -te dijiste. Tengo que lijar el vacío y la soledad. Mis zonas muertas. Mi zona orbital soñante.

HELLUCINATION. Serie microdanza confinada.
Texto y voz Nuria Ruiz de Viñaspre

FRAGILE. Serie microdanza confinada

Día 68 al que te asomas desde una habitación roja. Inicia, boca confinada y de puntillas. Idea atada en miniatura. Raíl contra ventana. Cuerpo silla de tronco y pala. Inicia. Mujer laxa con cráneo en mano. El cuerpo de Hamlet te cuenta su secreto. Mano en ojo y siempre en boca para ser borrón y cuenta nueva. Ser al aire de la letra ahogada. La no dicha. Boca tapada que desbesa letras y las cuenta. La mano al vientre estéril. Espejo embarazado de un espejo. Estéril. Pájaro voraz que exige cielos que no están. Ausencias. Caen meteoros. Cuerdas. La cabeza cae. Otro meteoro frágil. No dices nada pero quieres acunar vocales. Lo que cae. No temes las palabras. Matemática de ideas. Píntanos de rojo el rótulo pegado al lomo de la caja y reza: Fragile. La espalda ya virada en constante movimiento. Frágil. Mujer embarazada sin su frágil. Continente conteniendo el contenido. Mujer decapitada injustamente. Grácil. Pequeño pez coloreado. Mujer mandíbula violín y viento. Tobillo sumergido en óxido que es oxígeno del otro. El brazo sin abrazo de una V de Vestido y Vuelta a la mujer cría de pantera. Mujer vendada que juega a la gallinita ciega mientras baila con verdugos. Un meteoro cae de techo a boca. Sin saber qué hacer ni adónde ir. Que caiga algo de los cielos por los cielos, si no ¿qué hacer con este bulto del lenguaje? El decir del desdecir viento envergaura y ojo. Los ilusos ojos. Los ilusos ojos ya mirados. Lo no dicho u otra cosa. Desnombrados pies descalzos de una mujer futuro existe. Somos el espejo. Irreal sala de donde bebe la fragilidad. Por eso. Por eso somos irreales. Solos e irreales. ¿Cómo hacer cosas con palabras? Piel primera de animal sin cáscara. Cuerpo aullido que prolonga en un espejo el mundo laxo más incierto. Mientras. La voz de tu campana es la nueva tráquea. Tintinabuli de un país desescalado. Somos tú. Una mujer dentro de un traje. Rojo. El amor monódico de este siglo. Escóndenos en la curvada línea impenetrable. Espacio imposible de posibles. Somos una hélice de lenguas. Te escucho, Gnosis. Te escucho. Pero el techo de la habitación responde: la realidad es un ciempiés aplastasueños. Sin embargo. Invención del verbo. En la certeza está la tiranía del afuera. Somos la perversion linguística que desemboca en la fractura. El agua está muy alta -dice la lengua. Mientras buscas rendenciones en el techo. El lenguaje del suelo carece de referencia. Insignificante significado. Todos somos dos. Spiegel im spiegel. Decorado de salón donde la soledad no es solar sino el sudor de una cría paradójica. La edad indefinida. Desnuda y calva. Desbrozada de todo. Paredes con murales de un color apasionado que dicen que mecánica y felicidad no van unidos. Somos tú. Aborígenes del territorio que habitamos como glóbulos. Pez rojo que salta del mar muerto a la no noción. El color siempre fue el escudo.

FALLING. Serie microdanza confinada
Poema y voz Nuria Ruiz de Viñaspre

Alderantziz. Serie microdanza confinada
Poema y voz Nuria Ruiz de Viñaspre

Busto. Serie microdanza confinada
Poema y voz Nuria Ruiz de Viñaspre